Estimado Director:
La noticia de que Italia ha declarado la obesidad como una enfermedad crónica es, en sí misma, un paso crucial. Pero para las mujeres y madres chilenas que, como yo, somos parte del programa Jefas de Hogar, esta decisión tiene un significado mucho más profundo y urgente. No es solo una cuestión de salud pública, sino también de reconocimiento social, de dignidad y de igualdad.
En mi rol de presidenta de una organización de mujeres, veo a diario cómo la carga de la obesidad recae de forma desproporcionada sobre nuestros hombros, especialmente en los barrios y sectores más vulnerables. No es casualidad que las cifras de sobrepeso y obesidad en Chile sean alarmantes, con más del 74% de los adultos y un porcentaje preocupante de nuestros niños y niñas afectados. La obesidad no es una elección personal, no es falta de voluntad o flojera. Es, en muchos casos, el resultado de una suma de factores estructurales: la falta de acceso a alimentos frescos y nutritivos, la escasez de tiempo para cocinar debido a las dobles y triples jornadas laborales, y la nula o limitada oportunidad de realizar actividad física.
Nuestras rutinas como jefas de hogar son un reflejo de este problema. La prioridad es el sustento de la familia, lo que muchas veces nos obliga a elegir la opción más rápida y económica: el alimento ultraprocesado que llena el estómago, pero que carece de valor nutricional. En los barrios, las ferias libres no siempre están disponibles, y las verdulerías ofrecen productos a precios inalcanzables. En cambio, el negocio de comida chatarra está a la vuelta de la esquina.
Además, ¿cómo podemos hablar de ejercicio cuando muchas de nosotras trabajamos y cuidamos de la casa sin un momento libre, y cuando los parques y plazas de nuestras comunas no son seguros?
La decisión de Italia nos invita a reflexionar: si la obesidad es una enfermedad, ¿por qué en Chile no la tratamos con la misma seriedad? Necesitamos políticas públicas que vayan más allá de las etiquetas nutricionales en los envases. Necesitamos apoyo real, campañas de salud mental que aborden la ansiedad y el estrés, programas de alimentación que sean accesibles y dignos para todos, y espacios seguros para el deporte en nuestras comunidades.
Es hora de dejar de estigmatizar a quienes viven con obesidad y de reconocer que este es un problema sistémico que afecta especialmente a las mujeres, a los niños y a las familias de los sectores más desprotegidos.
La obesidad en Chile es un asunto de derechos humanos, y la solución debe ser una responsabilidad de toda la sociedad, no solo de quienes la padecen.
Atentamente,
Patricia Salas Vielma.
Presidenta de la Organización Mujeres Unidas por el Progreso Comuna de Quintero.




